Movilidad articular para jugar al tenis
En el tenis actual, la tendencia es aumentar la velocidad, es decir, que la pelota vaya más rápida de un lado a otro de la pista. Esto obliga a que los jugadores tengan que desplazarse con mayor rapidez, golpear con más fuerza la pelota y decidir su juego en menos tiempo. Para ello, la movilidad articular es fundamental. Las posiciones de golpe y los movimientos de las articulaciones en su ejecución determinan una amplitud óptima de movimiento. El jugador de tenis necesita una flexibilidad articular determinada y una elasticidad muscular concreta. Las posiciones forzadas y desplazamientos con miembros inferiores; y el golpe de pelota, con tronco y miembros superiores, son los que determinarán el punto.

Un punto conlleva un trabajo medio de 10 segundos en los que se corren 12 metros en diferentes direcciones y se golpea la pelota cuatro veces. Después de realizar este esfuerzo, el jugador dispone de un descanso de 25 segundos y cada 12-13 puntos, dispone de un descanso adicional de 90 segundos. Este trabajo aumenta o disminuye la intensidad según varíen la longitud, velocidad y duración de los desplazamientos, pero, en cualquier caso, se deberá mantener durante las 3 ó 4 horas que dure el partido, soportando la tensión emocional y muscular de la competición, lo que supone un desgaste adicional considerable.

La movilidad articular es fundamental para soportar este ritmo, ya que en un partido de 5 sets, el tenista golpeará la pelota unas 1000 veces y realizará alrededor de 310 carreras de 12 metros; lo que se considera un gran trabajo a intervalos en los que alterna cortos períodos de trabajo intenso con largos períodos de descanso. A parte de la flexibilidad y elasticidad que conlleva la movilidad articular, el jugador de tenis también contará con cualidades como resistencia, fuerza, velocidad y capacidades coordinativas.